Caminaban uno al lado del otro Marcelo y Net. Net tenía la tez blanca y el pelo revuelto. Era una mujer madura pero se le percibía ese aura de alguien revoloteador, alguien que disfruta cada momento de su vida como si fuese el último. Marcelo la observaba con recelo,¿qué hacía por allí una mujer sola?, ¿de dónde venía? ¿por qué le quería ayudar en ese camino tan escarpado y riscoso?
Por aquí le dijo Net a Marcelo señalando una nueva vereda apenas visible. Marcelo miró desconfiado. Todavía resentía los golpes de la caída.
-Tienes que tener fe, tienes que confiar, no siempre puedes estar dependiendo de tus únicos instintos- le dijo Net.
Marcelo miró hacia el otro lado del camino, aún podía distinguir el valle desde aquel lugar.
-Me parece que por aquí es más cerca, y que si me aparto de la vista del valle temo que ya no lo volveré a ver-respondió Marcelo.
-El que no lo veas, no significa que no esté allí, esperándote, a veces tenemos que dejar lo que amamos para poder encontrar quienes somos- le dijo Net.
-El valle significa tu libertad y tu sueño con Viviana, dijo Net y prosiguió. Hoy estás en un camino del cual sencillamente no conoces su final, así que si lo deseas con todas las fuerzas de tu corazón...VISUALÍZALO, mírate en ese valle en tu futuro. ¿ves a Viviana?
Marcelo apenas decía algo...¿cómo sabes de Viviana?
Ahhh la de los ojos me contó, y sé por tu mirada que estás totalmente desesperado por ella. Que la amas como a nadie has amado y que has estado a punto de cometer una que otra locura por ese amor pero tienes una cita con el destino primero, una cita en el que fuera tu castillo...
Si- dijo Marcelo con un dejo de resignación y algo de coraje. La vida ha sido buena conmigo, aún así no me siento feliz y justo cuando encuentro la felicidad la vida me la arrebata.
La vida no te arrebató nada, sólo te mostró una verdad. Te mostró que para alguien vales mucho Viviana te quiere mucho te lleva en su corazón y no debes perder las esperanzas de volverla a encontrar en tu vida..- le dijo Net.
Mi tiempo, ...es corto, no me queda mucho. -dijo Marcelo
Tonto- El tiempo de amor y de amar es infinito. No importa cual sea tu tiempo o el de ella, el amor lo neutraliza. Le dijo Net a marcelo en un tono de regaño maternal.
Vamos tenemos que seguir, que el camino es largo.
Marcelo aceptó seguir a Net por la vereda que ella escogió. Comenzaron a descender y poco a poco aquella vereda que parecía invisible era un camino limpio y sin maleza. Net tenía razón, era más sencillo al menos eso parecía. Según avanzaban Net se detenía a husmear entre los arbustos cercanos, como buscando algo.
-¿qué buscas?- preguntó Marcelo
-La verdad no busco porque no hay nada que encontrar, solo observo los cambios del camino.Respondió Net
-¿los cambios del camino?- preguntó Marcelo intrigado.
-Fijate bien en el mismo no lo camines por caminarlo. Con cada paso que das verás que cambia. Dijo Net.
Marcelo no entendía pues no imaginaba como en un solo par de pasos el camino cambiaría. -Esta mujer esta loca- se dijo, y siguió caminando camino abajo.
-!Cuidado con esa piedra! le dijo Net a Marcelo.
Marcelo no vió la piedra que estaba en medio del camino y tropezó con la misma cayendo de bruces en la suelo.
-Heyy esa piedra no esta...ahi...dijo Marcelo pasmado y confundido.
- Te lo dije- tarareó Net.
Marcelo se levantó refunfuñando y miró otra vez hacia la piedra que lo había hecho caer. Había desaparecido.
-Olvida la piedra, dijo Net. Ya es PASADO.
Marcelo miró el camino más atento observó flores y otras piedras a la vera del camino. Los árboles daban sombra suficiente para protegerlos del sol del día y también para hacer las noches más oscuras. La pareja continuó su marcha Net iba por delante y Marcelo no le perdía la vista. Pareciera como si Net estuviera llegando a su destinoi porque no miraba a ninguna otra parte que no fuera al frente.
- ¿Ya el camino no cambiará? preguntó Marcelo
No ya este camino no tiene más secretos, estamos llegando a nuestra primera estancia.Dijo Net.
Marcelo vió como de pronto el camino se abría totalmente y aparecía ante sus ojos un extraño poblado, muy chico a la vista pero lleno de gentes algunos rostros familiares otros totalmente desconocidos.Todos en sus asuntos nadie los miraba.
-Ven, dijo Net. Iremos a una casa que nos albergará por esta noche .Allí podrás descansar y poner en orden tus pensamientos. Continuó diciendo la mujer.
Ve por delante hasta aquella puerta roja, dijo Net refiriéndose a la puerta de un vetusto edificio color ladrillo. Toca la puerta y pide posada yo iré a la mía. Dijo Net desapareciendo entre la multitud.
-Hey!!! reclamó Marcelo me dejaste aquí así no más...
-siiiii asi no más- apenas le oyó decir Marcelo a Net al tiempo que la diminuta mujer desaparecía de su vista.
Marcelo tocó la puerta y vió que la puerta se abría y un hombre delgado con una barba bien corta y arreglada le daba la bienvenida.
-Hola, me dijeron que aquí podía conseguir posada- dijo Marcelo
El hombre lo miró y le contestó si es verdad en esta casa recibimos a todos, incluso a los que merodean sin rumbo.
-¿Merodean? preguntó Marcelo ¿ A qué se refiere?
-Venga, venga le tenemos una habitación para que pueda descansar dijo el hombre sin contestar la pregunta de Marcelo.
Marcelo le siguió hasta un cuarto que estaba limpiamente preparado y habilitado para huéspedes. Era una habitación sencilla con una mesita de noche y una lamparita. Una ventana estilo francesa permitía la entrada de la brisa fresca y la luz mortecina de una luna ya en su cuarto menguante. Una pequeña neverita estaba suplida con agua y algunas frutas.
-Tiene lo necesario para pasar la noche, en la gaveta de la mesa de noche hay un libro para que si quiere, haga alguna lectura antes de acostarse.- dijo el hombre de la barba
-Gracias respondió Marcelo
-Oiga- llamó Marcelo al hombre ¿ a qué se refirió con eso de merodean sin rumbo?
El hombre se volvió a Marcelo y le respondió- dígamelo usted, al tiempo que cerraba tras de si la puerta que conectaba aquel cuarto con el pasillo de salida.
Marcelo se tiró en el catre que era la cama y de inmediato casi instantáneamente se quedó dormido.
Una música lejana le trajo la brisa que entraba por la ventana.